Rincalda

Cómo mejorar la decoración de ambientes y espacios interiores de mi casa

Salón de un piso de alquiler tras un proyecto de decoración de alquiler y reforma sin obras, ejemplo de diseño interiores casero

No hace falta nacer con buen gusto para que un piso de alquiler deje de sentirse prestado. Me lo pregunto cada vez que alguien me escribe pidiendo ideas de decoración de alquiler para su salón, sin presupuesto de reforma integral y sin poder tocar una sola pared estructural.

Antes de seguir, una aclaración rápida: en este diario aparecen enlaces a un par de cursos de decoración que seguí yo misma cuando no tenía ni idea de por dónde tirar. Si te apuntas a través de ellos me llevo una comisión pequeña, sin coste extra para ti. No es una guía de compra ni una comparativa, es simplemente lo que a mí me sirvió en mi propio salón.

Buen gusto para decorar: nace o se aprende

La respuesta corta, después de estos tres años dándole forma a este piso, es que no hace falta ningún don especial. Lo que separa un salón que funciona de otro que no es una secuencia de decisiones: primero qué se ve al entrar, después resolver el punto focal de esa pared concreta, y solo al final decidir qué estilo decorativo se acerca a lo que ya tienes en casa. Ponerle una etiqueta al estilo, nórdico, mediterráneo, lo que sea, es la parte que menos importa, y es justo ahí donde antes perdía más tiempo.

Muestras de telas y colores para definir una paleta dentro de un proyecto de decoración de alquiler

Por qué comprar cosas bonitas no basta en la decoración de alquiler

Durante meses mi rutina de los sábados era acercarme al Tiger de la Gran Vía y volver con una vela, un cuenco, algún cojín que no pegaba con nada de lo que ya tenía. Cada objeto por separado parecía una buena elección; juntos, el salón seguía sin tener ningún sentido. La paleta de color no era realmente el problema, tenía una, sin proponérmelo, hecha de restos de rebajas, sino que ningún objeto respondía a una necesidad real del espacio.

Vivir de alquiler tiene esa cosa: no puedes taladrar donde te dé la gana, y una parte de ti se pregunta todo el rato si merece la pena invertir en un piso que no es tuyo. No las tenía todas conmigo con esto de gastar en decoración sin tener ni idea de lo que estaba haciendo, la verdad, y esa duda se notaba en cada rincón mal resuelto.

La lámpara que fundió tres bombillas: medir antes de comprar

El golpe de realidad llegó con una lámpara de techo que compré convencida de que iba a arreglar el salón de un plumazo. La instalé yo misma un sábado sin comprobar antes el voltaje que llevaba el piso, y en un par de semanas fundí tres bombillas seguidas. No hubo nada elegante en el proceso: cada vez que se fundía otra tenía que subirme de nuevo a la silla, destornillador en mano, preguntándome qué estaba haciendo mal. La lección no fue sobre lámparas, fue sobre mí: llevaba meses resolviendo lo bonito antes que lo técnico.

Alfombra demasiado pequeña bajo la mesa del comedor, un error habitual de reforma sin obras en un piso de alquiler

Con la alfombra del comedor pasó algo parecido: la elegí por el color, no por el tamaño, y las sillas se quedaban enganchadas en el borde cada vez que alguien se sentaba a comer. Ahora sé que existe una regla de la alfombra del salón que explica cuánto tiene que sobresalir bajo los muebles, pero esa cuenta se la dejo a quien ya la ha desarrollado bien; a mí me bastó con aprender a medir antes de enamorarme de un color.

Entre la lámpara y la alfombra decidí que necesitaba algo más que vídeos sueltos de reforma sin obras, así que me apunté al MÁSTER en Diseño y Decoración de Ambientes y Espacios Interiores, porque quería una estructura de verdad, no otro consejo aislado. Ahí encontré cosas que no esperaba, como las claves para decorar un recibidor pequeño y estrecho en un piso de alquiler, justo el tipo de rincón que se me pasaba siempre por alto.

Midiendo con flexómetro el hueco del sofá antes de comprar, un criterio básico de estilo hogar en piso de alquiler

Aplica un método, no busques la varita mágica

El criterio que uso ahora es sencillo y no depende de tener ojo clínico: antes de comprar cualquier cosa para el salón, mido el hueco real con la cinta métrica, no el que me imagino, y me pregunto qué función cubre ese objeto dentro del flujo de circulación de la habitación, no solo si me gusta en el escaparate. Si no resuelve un paso, una zona de descanso o un punto de luz que faltaba, se queda fuera del carrito. Cambiar la luz ambiente del salón, más que cualquier objeto nuevo, fue lo que más se notó después en las fotos.

Lámpara de mesa con luz cálida, ejemplo de diseño interiores y estilo hogar en un salón de alquiler

Para la parte de color me apoyé en aprender a elegir paleta de colores para paredes salón con este curso, más que en probar tonos a ciegas directamente en la pared.

También cambié las cortinas pesadas por unas de lino que dejan pasar mejor la luz en verano, siguiendo casi al pie de la letra los trucos para elegir las mejores cortinas para piso de alquiler sin hacer agujeros, justo lo que el casero nunca nota y mi fianza tampoco.

Para no mezclar los colores luego a lo loco, sigo tirando del círculo cromático de toda la vida, sin darle más vueltas de las necesarias.

Cuando por fin me decidí a pintar una pared le pregunté a Serafín, el vecino del primero, que desconfía de casi cualquier moda decorativa pero escucha en cuanto le explicas el motivo concreto detrás de una decisión. Lo que más recuerdo de esa tarde no es el color sino el tacto del rodillo empapado deslizándose contra la yema de los dedos cada vez que lo recargaba, más áspero y más frío de lo que esperaba. Con la luz cálida del salón ya resuelta, ni se inmutó cuando le mencioné la "iluminación por capas": para él seguía siendo, simplemente, apagar los focos blancos de la entrada. Tampoco entramos en si compensa más la formación reglada o aprender por libre a base de vídeos sueltos, ni en si una pintura reversible pensada para no perder la fianza merece la pena; esas conversaciones las dejamos para otro café.

Lo que por fin funcionó en mi salón

Lo noto sobre todo por la mañana: desayuno en la cocina que pinté yo misma y hay días en que me quedo mirando esa pared más rato del que tardo en terminar el café, sin ningún motivo concreto, solo porque por fin me gusta lo que veo. Se lo comenté a Ascensión, amiga de los tiempos del módulo, que sigue pensando que cambiar los textiles según la temporada es tirar el dinero, puede que tenga parte de razón, aunque ya ni se molesta en discutírmelo cuando le enseño fotos nuevas del salón.

Rincón de lectura con textiles de lino, resultado de un proyecto de decoración de alquiler sin grandes obras

Hay rincones de esta casa que dejo fuera a propósito de esta entrada: la zonificación del hueco que uso como escritorio y los revestimientos adhesivos reversibles que algún día pondré en el baño. Esas historias las contaré cuando las tenga resueltas, no antes.

Si sigues preguntándote si hace falta buen gusto de nacimiento para que un piso de alquiler deje de sentirse prestado, mi respuesta después de todo esto es que no: hace falta método, y ese método se aprende, aunque el estilo de hogar final siga siendo completamente tuyo. El MÁSTER en Diseño y Decoración de Ambientes y Espacios Interiores fue lo que me dio esa estructura completa que necesitaba, y si prefieres algo más ligero para arrancar sin comerte la cabeza, el curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional va directo al grano para tu propio piso.

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