Rincalda

Claves para decorar un recibidor pequeño y estrecho en un piso de alquiler

Recibidor pequeño y estrecho decorado en un piso de alquiler en Murcia

Piso el borde de una zapatilla que no es mía y la bolsa de la compra se me escapa de las manos contra la pared del pasillo: dos yogures ruedan hacia la puerta y no tengo dónde dejar ni las llaves ni el bolso. Llevo meses tropezando en la misma esquina de mi recibidor, en un piso de alquiler en Murcia que por lo demás me gusta bastante.

Antes de seguir, una aclaración rápida: este texto tiene enlaces de afiliada, así que si te decides por algún curso de los que menciono más abajo, me llevo una comisión pequeña sin que a ti te cueste ni un euro de más. Dicho esto, vuelvo al pasillo, que buena falta le hacía.

El recibidor se convirtió en la parte del piso de alquiler que peor llevaba

Vivir de alquiler en Murcia tiene ventajas, pero a mi recibidor no le tocó ninguna: es un pasillo estrecho, sin ventana propia, pintado en ese beige soso que ponen todas las promotoras cuando entregan la vivienda. El contrato no me deja tocar tabiques ni hacer agujeros grandes, así que cada entrada por esa puerta se sentía como colarme en un almacén, no en mi casa. Para cualquiera que decore en alquiler, esa combinación —espacio mínimo, cero presupuesto para obra, prohibido taladrar en serio— es la más común y la más frustrante.

Pared beige constructor de un recibidor estrecho en piso de alquiler, midiendo el ancho con un metro

Muebles bonitos, medidas imposibles

Mi primer error fue tirar de lo que ya tenía en casa. Una cómoda de madera que heredé, preciosa, con un fondo de casi 45 centímetros. En un pasillo donde el espacio mínimo recomendado para paso ronda los 90 centímetros para moverte sin ir de lado, meter ese mueble fue un despropósito: la puerta de entrada, que en la mayoría de pisos españoles no pasa de 72,5 centímetros de ancho, apenas se abría del todo, y me daba con la cadera cada vez que entraba con bolsas. Lo que en el salón se llama flujo de circulación —el camino libre por el que te mueves sin chocarte con nada— en un pasillo estrecho no perdona ni un centímetro.

Después llegó el turno de la alfombra. Elegí una de pasillo, de lana, gruesa y calentita, convencida de que le daría vida al espacio. La puerta chocaba contra el borde en cuanto intentaba cerrarla del todo. Tuve que devolverla con la cara colorada, y ahí entendí algo que después usaría también en el salón: hay una manera de calcular bien el tamaño de una alfombra según el hueco real, no según lo bonita que te parezca en la tienda. Si a ti también te tiene frita esa pared beige, tengo aparte unas ideas para decorar paredes color beige en un piso alquilado que me hubiera gustado leer antes de pintar nada.

¿Hasta dónde puedo tocar las paredes de un piso de alquiler?

Le pregunté a Serafín, el vecino del primero de mi bloque, que un par de años antes había reformado su cocina y ya se había peleado con un casero parecido al mío. Fue él quien me explicó, sin rodeos, qué puede exigir realmente un propietario y qué es solo fama: los agujeros de un cuadro o de un espejo bien tapados no suelen ser motivo para perder la fianza, pero cambiar la pintura sin avisar sí puede traer problemas. Me habló también de pinturas que se consideran reversibles a efectos del contrato, algo que no sabía que existía y que apunté para cuando me anime con el salón.

Se lo conté a Ascensión, una amiga de cuando hacíamos juntas el módulo de administración, que ahora vive también de alquiler en otro barrio. Ella lo entendió perfectamente —lleva la misma cantinela de no poder tocar nada sin negociar antes con el casero— y me mandó un audio riéndose de que las dos, con carreras que no tienen nada que ver con esto, termináramos midiendo paredes un domingo por la tarde.

Con esa tranquilidad, me acerqué a Leroy Merlin de Murcia a mirar tiras adhesivas de las resistentes, de esas que aguantan bastante peso sin dejar marca al despegarlas. Y aproveché para apuntarme, por fin, a algo con más estructura que los vídeos sueltos que llevaba viendo meses: el curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional. No buscaba certificarme en nada, solo entender por qué mi pasillo se sentía tan cueva, y me sirvió para poner nombre a cosas que ya intuía: la idea de un punto focal al final de un pasillo, por ejemplo, o por qué conviene pensar antes en una paleta de color reducida que en comprar piezas sueltas que combinen a la fuerza.

Cuaderno con medidas y bocetos para decorar un recibidor pequeño de alquiler

Aprender a mirar la luz antes de comprar una lámpara

Las prisas por terminar antes del domingo me jugaron una mala pasada: no las tenía todas conmigo con la instalación eléctrica, y aun así seguí adelante sin comprobar el voltaje que llevaba el punto de luz del recibidor. En menos de una semana fundí tres bombillas seguidas, una detrás de otra, hasta que até cabos. Fue un fastidio y una pérdida de tiempo tonta que cinco minutos mirando la ficha técnica antes de instalar nada habrían evitado.

De paso entendí algo sobre lo que ya había leído en mi experiencia para mejorar la iluminación de un piso de alquiler: no basta con un único punto de luz general, hace falta pensar en capas —una luz de trabajo, una luz ambiente más cálida, algo puntual donde de verdad lo necesitas— y en un pasillo sin enchufe ni ventana esa capa extra la puse con una lámpara de pilas apoyada en la consola, no colgada del techo.

El perro complicó también la parte de los espejos. Todas las cuentas de decoración recomiendan apoyar un espejo grande en el suelo para dar amplitud, y lo probé, pero en cuanto oye las llaves en la cerradura se lanza corriendo por el pasillo como si fuera la única alegría del día, y a la primera carrera casi tira el espejo contra la pared de enfrente. Con mascotas activas en un pasillo estrecho, cualquier mueble ligero o espejo sin fijar es un peligro real, así que cambié de estrategia: espejo colgado con un gancho de los buenos y muebles con peso suficiente para no moverse aunque los golpee de refilón.

Perro junto a muebles estables en un recibidor pequeño y estrecho a prueba de sustos

Lo que terminó encajando en el pasillo

La solución final llegó con una consola metálica, de apenas 20 centímetros de fondo, con líneas finas y patas altas —ese estilo decorativo, metal oscuro con madera clara, que terminé adoptando como línea para todo el piso— que dejaba ver el suelo por debajo y hacía que el pasillo pareciera bastante más ancho de lo que es en realidad. Encima coloqué un espejo redondo que no llega al suelo, a salvo de carreras caninas, orientado para que devuelva la luz que entra desde la cocina.

Cambié también la alfombra gruesa por una de vinilo, finísima, que no roza la puerta al abrir y que se limpia con la fregona en un momento —un punto extra para quien convive con un animal que trae media calle pegada a las patas. En la pared del fondo, donde antes solo había beige, pinté un rectángulo con un tono algo más oscuro que el resto: una pintura normal rinde unos 10 metros cuadrados por litro, así que con muy poco me sobró para dar a ese rincón un protagonismo que antes no tenía, en lugar de dejar que la vista se perdiera en la puerta del baño.

Encima de la consola dejé un vaciabolsillos de madera, y la primera vez que las llaves cayeron ahí con ese golpe seco y metálico me di cuenta de cuánto echaba de menos no tener que buscarlas media hora encima del sofá o de la encimera de la cocina.

Vaciabolsillos de madera con llaves sobre una consola estrecha en el recibidor

Lo del MÁSTER en Diseño y Decoración de Ambientes y Espacios Interiores lo tengo anotado para cuando quiera meterme con el salón entero, que promete ir bastante más allá de un recibidor; para este trocito de pasillo me bastó con lo básico que ya había aprendido.

Recibidor pequeño ya decorado con alfombra de vinilo y espejo redondo en piso de alquiler de Murcia

La foto que ya no me daba vergüenza mandar

Hacia la séptima semana desde aquel tropezón con los yogures, sin darme cuenta del todo, dejé de evitar enseñar esa parte de la casa. Le mandé a mi madre una foto del recibidor terminado, sin pensarlo ni retocar nada antes, y por primera vez no sentí ese peso de justificar por qué mi casa no se parecía a las de Pinterest.

Si me preguntas qué me llevo de este pasillo, no es una lista de trucos sino una idea que ahora aplico en cualquier rincón de la casa: mide antes de enamorarte del mueble, y piensa en quién más vive contigo —persona o animal— antes de decidir qué va pegado al suelo y qué va colgado. El pasillo sigue siendo estrecho y parte de la pared sigue en beige, pero ya no me da pereza cruzarlo, y esa era la meta desde el principio.

A quien también le dé miedo medir mal su propio recibidor y no sepa por dónde empezar, me ayudó bastante seguir el curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional como primer empujón, sin más pretensión que perder el miedo a equivocarme con lo básico.

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