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Cómo restaurar muebles de segunda mano para mi propio piso de alquiler

Cómo restaurar muebles de segunda mano para mi propio piso de alquiler: cómoda de roble ya restaurada en un proyecto de decoración de alquiler

Una cómoda de roble maciza y una mesita de noche de melamina llegaron a mi piso de alquiler casi el mismo fin de semana, las dos compradas en el Mercado de Verónicas de Murcia, y solo una sobrevivió al primer intento serio de restaurar muebles de segunda mano por mi cuenta. Llevo unos tres años metida en esto de la decoración de alquiler sin ser decoradora ni querer serlo, aprendiendo diseño de interiores para principiantes a base de estropear cosas en mi propio salón, y ese contraste entre los dos muebles me enseñó más que cualquier vídeo de YouTube: no todo lo que parece un chollo en un mercadillo merece el mismo esfuerzo.

Antes de seguir, va mi aviso de siempre: este blog usa enlaces de afiliada, y si en algún momento compras un curso a través de ellos, yo me llevo una comisión sin que a ti te cueste nada más. Solo nombro aquí lo que yo misma he seguido o probado con mis propias manos, nunca lo que me han pedido que recomiende.

Mercado de Verónicas: dos muebles de segunda mano que entraron el mismo mes en mi salón

Fui aquella mañana con Virtudes Peinado, una amiga del barrio que vive dos portales más abajo del mío, porque ella no compra nada por internet sin tocarlo antes con las manos, y un mercado como el de Verónicas le parecía la única forma honesta de elegir madera o tela. Ella se volvió a casa con un mantel de lino que llevaba semanas buscando; yo cargué con la cómoda de roble, con la madera reseca pero entera, y con una mesita de noche de melamina que a simple vista parecía casi nueva.

Meses antes había probado el método KonMari a rajatabla, quedándome solo con lo que de verdad me alegraba mirar, y fue un fracaso curioso: se me olvidó pensar dónde iba a guardar después las cosas que decidí conservar, así que el salón terminó con montones nuevos en lugar de menos objetos. Un mueble con sitio de verdad donde meter cosas, pensé entonces, valía más que cualquier método de orden si no resolvía ese problema de fondo.

Restauración de muebles de segunda mano: cómoda de roble maciza desgastada antes de lijarla

Restaurar madera maciza o mueble laminado no es la misma apuesta

La madera maciza y el laminado tipo melamina no juegan con las mismas reglas, y confundirlos es de los errores más caros que puede cometer alguien que empieza. El roble acepta la lija casi sin protestar: basta con ir bajando el grano poco a poco, con calma, hasta que la superficie queda lisa al tacto y sin restos del barniz viejo. Es el mismo tipo de mueble que recomendaba en aquellas ideas para decorar paredes color beige en un piso alquilado: rompe la monotonía sin necesidad de tocar ni una pared.

Distinto es el caso de la melamina: una lámina de plástico pegada sobre aglomerado que, si le pones pintura directamente sin una imprimación previa que ayude a que se agarre, se despega en placas enteras a las pocas semanas, por bonito que quede el primer día. No es que un mueble sea mejor que el otro; es que cada uno pide una preparación distinta, y tratarlos igual es donde se tuerce la mayoría de estos proyectos.

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Lo que el roble perdona y la melamina no

Con la cómoda decidí ir despacio y no pintarla: quería recuperar el tono natural de la madera porque me hacía ilusión que fuera el punto focal del salón, esa pieza que atrapa la mirada nada más entrar sin necesidad de forzar nada más a su alrededor. Con la mesita, en cambio, no tenía sentido perseguir ese mismo efecto: era un mueble de apoyo, pensado para pasar desapercibido, así que le bastaba con quedar limpia y a tono con lo demás.

Fue por esa época cuando empecé a seguir, casi por casualidad, un curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional, y de ahí me quedé sobre todo con la idea de la paleta de color: pensar antes qué tonos van a convivir en una habitación, en lugar de decidirlo bote a bote según lo que hubiera de oferta. No lo seguí para trabajar de esto, sino porque quería dejar de improvisar cada vez que entraba en una tienda de pinturas, donde de paso descubrí que hasta hay pintura pensada para ser reversible cuando toca dejar el piso.

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Decidir qué mueble merece el fin de semana

Hace poco una lectora, Fuensanta Aroca, me escribió desde Valencia un mensaje largo y bien puntuado, nada de notas de voz, preguntándome cómo saber si un mueble de segunda mano merece la pena o es mejor dejarlo en el mercadillo donde lo encontró. Le contesté lo mismo que me digo a mí misma ahora antes de cargar con nada: si el armazón está sano y la madera es maciza, casi siempre compensa el tiempo; si es un tablero forrado que ya viene descascarillado por dentro, mejor seguir mirando.

También pienso ahora en cosas que antes ignoraba, como el flujo de circulación del salón: un mueble grande mal colocado, por bien restaurado que esté, corta el paso y se nota enseguida, igual que pasa cuando una alfombra se queda corta para el espacio y los muebles parecen flotar sueltos. No hace falta tener clarísimo tu estilo decorativo desde el primer bote de pintura para lanzarte con algo que te guste de verdad. Y la luz ambiente de la tarde cambia bastante cómo se ve un tono de madera restaurado, algo que solo noté mirando el mismo mueble a horas distintas del día, un poco como la iluminación por capas cambia el aspecto de toda una habitación según qué lámparas enciendes primero.

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Cuándo restaurar y cuándo dejarlo pasar

Meses después, más por curiosidad que por necesidad, seguí también un tramo del MÁSTER en Diseño y Decoración de Ambientes y Espacios Interiores, que resultaba bastante más denso, pensado para quien quiere ir al fondo del tema y no solo resolver su propio salón. Tardé bastante en entender cómo logré un diseño de interiores y decoración del hogar profesional dentro de mis posibilidades, sin ser profesional ni tener intención de serlo.

La noche que por fin encendí una lámpara nueva junto a la cómoda ya terminada, el salón dejó de parecerme una sala de espera y empezó a parecer un sitio en el que me apetecía quedarme un rato más leyendo. Esa sensación, más que ningún tutorial, es la que me convenció de que merecía la pena seguir mirando muebles con historia en vez de comprarlos nuevos y ya montados.

Mi regla, a estas alturas, es sencilla: si la pieza es de madera maciza, aunque esté hecha polvo por fuera, casi siempre merece el fin de semana de lija porque el material aguanta el proceso; si es un laminado tipo melamina, solo merece la pena si por debajo del acabado está en buen estado y estoy dispuesta a imprimarlo con calma, porque si no, el tiempo se va en arreglar un desastre en lugar de disfrutar el mueble. Si te pasa como a mí y no sabes por dónde tirar con algo que acabas de rescatar, el curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional es justo lo que seguí para dejar de improvisar bote a bote de pintura.

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